domingo, 22 de enero de 2017

Hipotermia.

Allí donde la gélida escarcha
destroza mis labios.
Allí donde los ojos del cuervo
yacen vítreos, sin luz
Vienes a verme, y das tres vueltas,
buscando volar tu falda
y robar bajo ella el invierno.

Aquí, que sollozos crecieron sin nanas.
La razón y el espejo, navajas.
Aquí que la raíz podrida se ensalza
y mi reflejo me insulta a la espalda.

Llévame allí, a tu ciudad Esmeralda,
donde el hastío alimenta las plantas
que torcidas crecen, pero válidas
con sus ramas ahorcando mis lágrimas.

Y cuando tú no estás, se callan las palmas,
y las voces hurgan mi cráneo como ratas,
y pacientemente espero de la locura tu llegada,
y a las tantas del día tu lengua se clava.

Si cuando tú no estás,
bufandas de cuadros son sogas.
Si tu mano no acaricia,
si tu mano no me ahoga.

Miel de azalea que tus caderas vierten
Ácido en tu lengua que cadenas rompe.
No busco tregua de guerra entre sienes

sino encontrar entre el barro al hombre.

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