Allí donde la gélida escarcha
destroza mis labios.
Allí donde los ojos del cuervo
yacen vítreos, sin luz
Vienes a verme, y das tres vueltas,
buscando volar tu falda
y robar bajo ella el invierno.
Aquí, que
sollozos crecieron sin nanas.
La razón y
el espejo, navajas.
Aquí que la
raíz podrida se ensalza
y mi reflejo
me insulta a la espalda.
Llévame
allí, a tu ciudad Esmeralda,
donde el hastío
alimenta las plantas
que torcidas
crecen, pero válidas
con sus
ramas ahorcando mis lágrimas.
Y cuando tú
no estás, se callan las palmas,
y las voces
hurgan mi cráneo como ratas,
y
pacientemente espero de la locura tu llegada,
y a las
tantas del día tu lengua se clava.
Si cuando tú
no estás,
bufandas de
cuadros son sogas.
Si tu mano
no acaricia,
si tu mano
no me ahoga.
Miel de
azalea que tus caderas vierten
Ácido en tu
lengua que cadenas rompe.
No busco
tregua de guerra entre sienes
sino
encontrar entre el barro al hombre.
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