sábado, 30 de enero de 2016

Abre los ojos.

Responde los mensajes acabando las frases con puntos finales. La recuerdo diciendo que no me porté bien. Y lo merece porque no fue buena, porque fue como yo. Porque no le importé. Y me recuerdo cerrando los ojos y haciendo eses y viéndola de lejos. Y la recuerdo triste y avergonzada pero no la recuerdo pidiendo perdón. Me da rabia y quiero romper algo. Me abro tres de los cuatro nudillos. El último está ya calloso, pues me lo muerdo de los nervios o la rabia, y está enrojecido pero intacto. Pienso e intento recordar pero el alcohol de ayer me ha dejado destrozado y me revienta el estómago como un puñetazo o los puntos finales en sus mensajes y corro al baño. Y me miro al espejo pero solo veo carne. Si hago el esfuerzo, puedo imaginar el conjunto de vasos sanguíneos, nervios y huesos que la sostienen y le dan vida. Y un gran cerebro, de eso no hay duda. Pero no logro imaginar nada que lo mueva. Dejo correr el agua y meto la cara debajo. Está helada y aprieto los puños. Me miro las venas como en busca de ese algo, como esperando a que vibren. Pero las imagino en su interior y solo veo polvo y grumos. Deseo un coágulo pero me siento ridículo haciéndolo así que lo despejo de mi mente inmediatamente. Me hundo en el sofá y pienso en escribir. En escribirle. O a ella. O a ella. Pienso en pedir perdón a todos ellos pero es tarde y me llevaría días. Además nadie lo aceptaría. Podría empezar por mí mismo, pero sería en vano. Busco algo que hacer para hacer volar el tiempo. Cojo una hoja de papel y me pongo a garabatear y juraría que he dibujado unos ojos que me miran. Estoy desvariando pero sigo dibujando. “See my face when I slide through…“ me doy cuenta de que suena en los cascos y dibujo su rostro. Lo hago más feo a posta, intento vengarme pero dibujo su culo y es perfecto joder. Pongo empeño en las sombras que acentúan su redondez aunque dejo las piernas feas. Pero dibujo su espalda y paso horas perfilando sus músculos, su piel, imaginándolos tensarse con mi  tacto. Dibujo sus lunares y procuro distribuirlos formando la constelación de Casiopea. Porque es hermosa, pero merece castigo, como lo merezco yo. Está terminado, pero sigo dibujando inconscientemente. Dibujo una herida y me come por dentro y aprieto hasta romper el papel. Pienso en mí y me doy pena, pero más pena me da el resto. Van por ahí con la vanidad que les produce pensar que son libres, que hacen solo lo que quieren en cada momento y que todos son diferentes, originales e únicos, cuando son todos ellos esclavos de los mimos deseos. Al menos yo me resigno, estoy cansado de luchar. A veces todo acaba bien, como en el cine. Pienso en películas y se me inunda la cabeza con la muerte de Vito, la traición de Freddo, Raging Bull contando aquellos chistes en aquel antro… y nadie riéndose; Vince odiándose al espejo y Bickle acercando el dedo a su sien y disparando. Pitt abriendo la caja y mi inocencia en la muerte de Guido. Lefty Ruggiero caminando en aquel chándal hacia su muerte y yo sin poder cerrar los ojos ante el mundo, como Alex. Spacey follando entre pétalos de rosa y Bardem llorando solo en casa. Cruz, “abre los ojos” pero él tiene  la cara deformada. El mundo es vuestro con la v tachada.  Nadie con quien compartirlo. Enciendo la tele, cierro los ojos.

domingo, 24 de enero de 2016

Como te decía.

Como te decía, hace tiempo que ya no escribo. Desde que miro el reloj y ya no veo mi reflejo en su esfera, sino las agujas girar en torno a ella. Reconozco que intenté forzarlo, dar vueltas al cubo hasta encontrar la solución, pero estalló y con cada una de las suyas, cada una de mis caras. Pero no mueren. Hace tiempo que ya no escribo, si no es por ti no es por nadie. Ojalá tuvieras nombre y sabría así por quien afilar este cuchillo. Ojalá tuvieras nombre, sabría así qué escribir al final de la nota de suicidio. Pero no tienes nombre ni cara y eso te da ventaja, porque siempre ganas. A veces te escribo en papeles y los quemo. Que le jodan al ritualismo, simplemente es basura. Y rayaría mil veces con las llaves el capó de tu cuerpo, escribiría mi nombre con tijeras en tu pupitre. Y le haría una equis al tuyo. Y estudiaría geometría en tu espalda. Y astronomía en las pecas de tu nuca. Pero quiero ser analfabeto para no leer más de nadie. Quiero olvidar a Panero, a Lorca, a Bukowski y a Delibes. Quiero dejar de querer ser Chinaski. Quiero dejar de llorar con la muerte de Milana. Quiero dejar de admirar a mi padre. Quiero volver al vientre de mi madre. Quiero cerveza. Quiero dejar de querer cerveza. Quiero querer. Quiero dejar de querer. Le engaño y le digo que la quiero y ella sabe que le engaño pero quiere no saberlo, y le quiere a él. Pero quiere que la cuide y yo quiero cuidar de alguien. Y quiero dormir en su culo y despertarme arrepentido y romper el espejo y quedarme mirando la sangre mezclarse con el agua en el lavabo. Quiero darme cuenta de que no estoy arrepentido. Quiero sentirme un monstruo. Lo quiero todo y lo quiero ahora pero lo quiero tan poco que estoy escribiendo esto a nadie, esperando que sea a alguien. Quiero ser Mark Renton. Quiero conformarme. Dicen que un día de ausencia dura tres otoños, pero mataría por acabar con este verano.