miércoles, 17 de diciembre de 2014

Redrum.



Otra vez lo hacía. Volvía a escribir sobre sí mismo en tercera persona, como queriendo evitar la certeza de que, al escribir en primera, la náusea en lo obvio de conocerse le tumbara de una patada en la columna vertebral, dejando solo un corazón apopléjico. Le gustaba autodenominarse Apolonio, porque escribía con orden geométrico, como compensando el caos ordenado de su [vamos a llamarlo] vida.


Era duro y frío, como el cristal de no sé qué botella de no sé cuántos grados. Y se cortaba consigo mismo. Y escribía en el papel con su sangre oscura, espesa; como él. Y se cortaba con el papel al intentar pasar la página. Y buscaba su reflejo en el charco de sangre oscura, espesa; como él. Y no encontraba nada, porque el charco lo reflejaba. Y escribía REDRUM con tinta de sus venas en el espejo, como pidiendo auxilio al del otro lado. Y lo rompía. Y se rompía. Y moría. Y volvía a nacer como maldito; como si rasgarse la piel para dejar escapar lo poco de humano no fuese suficiente para borrar el número de la Bestia de su nuca.


Se sentía en la cima; era la cima. La jodida montaña a la que Mahoma se vio obligado a ir, porque dicen que un cadáver es el doble de difícil de mover que un vivo. La pluma más rápida de todo el Far West no necesita de cabaret barato para sentirse sucio.
Otra vez lo hacía.

martes, 9 de diciembre de 2014

Rouge.

Era domingo, y la sola sensación de que al día siguiente sería lunes le provocaba un gran alivio. “La escala de grises”, como había denominado desdeñosamente a su vida (siempre amó el cine clásico), encontraba por fin esa ansiada oscuridad al final del túnel. ¿Por qué la gente esperaba encontrar luz al final? ¿Acaso querían volver a empezar? Estúpidos todos y cada uno de ellos. El agua comenzaba ya a tornarse rosada, más tibia y densa que de costumbre y, como todas aquellas opiniones críticas que había recibido durante su vida, ya rebosaba el borde de la bañera, cayendo como una cascada rojiza. Oía discutir a los vecinos de abajo por las oxidadas goteras. Tan pronto gritaban de placer de madrugada como cerdos, como por una nimiedad tal. Al fin y al cabo, dudaba que conocieran su nombre siquiera. De hecho, ni el mismo parecía conocerlo ya. Oía al eco de su conciencia pensar. Se le acumulaban los pensamientos como terneras esperando ser degolladas para servirse en un frío plato blanco. Todo para nada. Su conciencia se alejaba de él al ritmo lento del saxo de Coltraine. Salía del cuerpo que una vez hizo de celda y le impidió abrir sus alas de negro plumaje. Esta, de forma lejana, distante (Como si alguna vez hubiese sido de otra forma), oía voces, repetidos “no”, “por favor”, “por qué”. Alguien araña la puerta, como si así pudiese romper el pestillo. Quizás era metafórico. Sin duda, era poético, pero bah. ¿Son golpes intentando derribarla? Haría all in porque eran los últimos latidos de su ahogado corazón. Latía con fuerza, jadeante, como el veterano galgo tras su última carrera. Ahora entendía por qué le llamaron tanto la atención Poe y su corazón delator. Así que esto era el destino, ¿eh? Así que así sonaba un cuervo malherido y libre a la vez. Abre la boca, sonríe y un último borbotón rojizo besa sus labios ya púrpuras. Se estaba tranquilo allí arriba; la mar estaba en calma. Era domingo y la sola sensación de que al día siguiente sería lunes le provocaba un gran alivio.


Suicidio poético.

lunes, 20 de octubre de 2014

Dámaso en llamas.

La vida se me viene encima
Como encima mía vi la vida
Tú, vida
 mía.

Desperdicio el placer 
en favor del saber 
 ingrato. 

Solo, como se siente el hombre.
Porque la voluntad de 
  Dios
es amar al 
  hombre
y por eso el 
  hombre
creó a 
  Dios.

Vivo y muero en la ciudad de 
un millón de cadáveres.
Uno más o uno menos,
si nazco de ti o mueres de mí.

Mi mano, el escozor de la herida. 
Tú, la costra que todo lo cubre
  (y que un día fue 
                       Sangre)

Hoy no apuñalo el cuaderno, Carmesí.


[No digo adiós, porque nunca estuve.
No doy los buenos días, porque no los tuve.]

martes, 29 de julio de 2014

Dos más [uno]



Matemática de tu 
 geometría.
Tú, la raíz del 
 problema.
     
Despéjame.

Y el resto, 
      cero.

jueves, 26 de junio de 2014

Disfraces.

"—¿Por qué llevas ese estúpido traje de conejo?
—¿Por qué llevas ese estúpido traje de hombre?"

miércoles, 25 de junio de 2014

Tras la tormenta.

Tras la tormenta, llega la
      calma.


Como las cuerdas de la guitarra de Dios
[a];
que hace tiempo dejo de sonar, 
para ahorcar.

Como fotogramas de Buñuel,
 viejos,
llenos de polvo, sangre y
 humo.
Blanco y negro no siempre son 
 sombra,
     sino amor.

Y como amor;
Hoy quemaré mi casa de cartón   y costra. 
     [la ceniza también quema]

Y como odio;
llenaré de hielo cada rincón de tu
pecho. 
    [la escarcha también quema]

La psicología de cenar
[frío],
sobrevivir 
[solo],
y morir 
[contigo].


Tras la tormenta, el olor a tierra   
    llorada.

domingo, 22 de junio de 2014

Réquiem.

Soy de comprarme 
el tren entero 
para verlo pasar 
    solo
Como el café gélido
o la taza rota mil veces
y pegada mil
    y una.

De saltar al precipicio
por añorar la
caída.
     libre 
Sé que esperas al 
final, de negro,
como la muerte.
     triste

Y quemarme contigo
     si ardes.
Y mojarme contigo 
     si llueves.
Y morirme contigo
     si sientes.

                  Réquiem.


miércoles, 28 de mayo de 2014

Cualquiera.

Si es cierto que escribir lo hace 
cualquiera,
debo de ser el mejor 
cualquiera 
que te has encontrado jamás.

Pero ella 
gana;
ella siempre
gana.

lunes, 14 de abril de 2014

Debilidad.

Escuchar los latidos del corazón de otro en tus manos, para recordar lo que es sentirse vivo. 

Partirtle los talones a Aquiles, para estar en igualdad de condiciones.

Acariciar la sangre derramada, 
para recordar la calidez de sus emociones. 

Corazón. Talón. Emoción.

      Debilidad.

domingo, 13 de abril de 2014

Mar.

Y correr hasta la playa
para morir en la arena. 

Y si no voy al mar, 
el mar vendrá a mí. 

Y como ola, y como playa;
rompo antes de llegar a mí

Y como lágrima solitaria que
busca compañía a través

de la oscuridad del
desagüe. 

sábado, 12 de abril de 2014

Ciego.

Me gustaba cuando 
estabas ciega de placer,
porque no me veías.
Y
 no hay mejor ciego
que el que ve lo que quiere.

lunes, 10 de marzo de 2014

Esencias.

Las mejores esencias se guardan
en los frascos más pequeños.

Y su mejor perfume
en otros cuellos. 

viernes, 31 de enero de 2014

Jaulas.

Los pájaros enjaulados,
creen que volar es una enfermedad. 
Y, como pájaros, libres,
aterrados,
buscamos cortarnos las alas
a la sombra de nuestra jaula.

sábado, 18 de enero de 2014

Ella. I

Y ella, igual de preciosa que siempre, como si el tiempo, los días de frío y los de hielo, las horas altas y bajas, los minutos de gloria y de angustia, los segundos de euforia y de asfixia, no hubieran pasado por ella; cerró los ojos y abrió los ojos.