miércoles, 1 de abril de 2015

Balada de bala y hueso.

Se dice que ser poeta es más difícil que vivir. Por eso yo, ni lo uno, ni lo otro. Por eso me busco entre las lineas de Bukowski, y me encuentro acorralado por el miedo. Me escondo entre el amor y el odio, pero hay tan poco espacio que respirar se hace imposible. Me atoran el pecho, rompen mis costillas y astillan mi alma (si la puedo llamar así). Y con mi último aliento me pido a mí mismo que me abandone, quizás por tener así la certeza de que alguien una vez estuvo (si me puedo llamar así). 
Y sueño que me trago mi lengua, huyendo de reflejar esos dos ojos brillantes que me miran desde la sombra en el rincón de mi cabeza. Y me aterran, no me dejan dormir, no me dejan comer y no me dejan morir. Me dejan vivir, porque saben lo que es el miedo. 
Y miro mi casio al revés, restando los segundos hasta que hunda en mi sien una bala que llore de alegría mientras cruce mi cráneo pensando que no todas las balas tienen un final triste. Algunas salvan.
Y mientras tanto, pierdo el tiempo, subpoetizando;
sobreviviendo;
 esperando.