Y sueño que me trago mi lengua, huyendo de reflejar esos dos ojos brillantes que me miran desde la sombra en el rincón de mi cabeza. Y me aterran, no me dejan dormir, no me dejan comer y no me dejan morir. Me dejan vivir, porque saben lo que es el miedo.
Y miro mi casio al revés, restando los segundos hasta que hunda en mi sien una bala que llore de alegría mientras cruce mi cráneo pensando que no todas las balas tienen un final triste. Algunas salvan.
Y mientras tanto, pierdo el tiempo, subpoetizando;
sobreviviendo;
esperando.