Responde los mensajes acabando las frases con puntos
finales. La recuerdo diciendo que no me porté bien. Y lo merece porque no fue
buena, porque fue como yo. Porque no le importé. Y me recuerdo cerrando los
ojos y haciendo eses y viéndola de lejos. Y la recuerdo triste y avergonzada
pero no la recuerdo pidiendo perdón. Me da rabia y quiero romper algo. Me abro
tres de los cuatro nudillos. El último está ya calloso, pues me lo muerdo de
los nervios o la rabia, y está enrojecido pero intacto. Pienso e intento
recordar pero el alcohol de ayer me ha dejado destrozado y me revienta el
estómago como un puñetazo o los puntos finales en sus mensajes y corro al baño.
Y me miro al espejo pero solo veo carne. Si hago el esfuerzo, puedo imaginar el
conjunto de vasos sanguíneos, nervios y huesos que la sostienen y le dan vida.
Y un gran cerebro, de eso no hay duda. Pero no logro imaginar nada que lo
mueva. Dejo correr el agua y meto la cara debajo. Está helada y aprieto los
puños. Me miro las venas como en busca de ese algo, como esperando a que
vibren. Pero las imagino en su interior y solo veo polvo y grumos. Deseo un
coágulo pero me siento ridículo haciéndolo así que lo despejo de mi mente
inmediatamente. Me hundo en el sofá y pienso en escribir. En escribirle. O a
ella. O a ella. Pienso en pedir perdón a todos ellos pero es tarde y me
llevaría días. Además nadie lo aceptaría. Podría empezar por mí mismo, pero
sería en vano. Busco algo que hacer para hacer volar el tiempo. Cojo una hoja
de papel y me pongo a garabatear y juraría que he dibujado unos ojos que me
miran. Estoy desvariando pero sigo dibujando. “See my face when I slide through…“ me doy cuenta de que suena en
los cascos y dibujo su rostro. Lo hago más feo a posta, intento vengarme pero
dibujo su culo y es perfecto joder. Pongo empeño en las sombras que acentúan su
redondez aunque dejo las piernas feas. Pero dibujo su espalda y paso horas
perfilando sus músculos, su piel, imaginándolos tensarse con mi tacto. Dibujo sus lunares y procuro
distribuirlos formando la constelación de Casiopea. Porque es hermosa, pero
merece castigo, como lo merezco yo. Está terminado, pero sigo dibujando
inconscientemente. Dibujo una herida y me come por dentro y aprieto hasta
romper el papel. Pienso en mí y me doy pena, pero más pena me da el resto. Van
por ahí con la vanidad que les produce pensar que son libres, que hacen solo lo
que quieren en cada momento y que todos son diferentes, originales e únicos,
cuando son todos ellos esclavos de los mimos deseos. Al menos yo me resigno,
estoy cansado de luchar. A veces todo acaba bien, como en el cine. Pienso en
películas y se me inunda la cabeza con la muerte de Vito, la traición de
Freddo, Raging Bull contando aquellos chistes en aquel antro… y nadie riéndose;
Vince odiándose al espejo y Bickle acercando el dedo a su sien y disparando.
Pitt abriendo la caja y mi inocencia en la muerte de Guido. Lefty Ruggiero
caminando en aquel chándal hacia su muerte y yo sin poder cerrar los ojos ante
el mundo, como Alex. Spacey follando entre pétalos de rosa y Bardem llorando
solo en casa. Cruz, “abre los ojos” pero él tiene la cara deformada. El mundo es vuestro con la
v tachada. Nadie con quien compartirlo.
Enciendo la tele, cierro los ojos.