Como te decía, hace tiempo que ya no escribo. Desde que miro
el reloj y ya no veo mi reflejo en su esfera, sino las agujas girar en torno a
ella. Reconozco que intenté forzarlo, dar vueltas al cubo hasta encontrar la
solución, pero estalló y con cada una de las suyas, cada una de mis caras. Pero
no mueren. Hace tiempo que ya no escribo, si no es por ti no es por nadie.
Ojalá tuvieras nombre y sabría así por quien afilar este cuchillo. Ojalá
tuvieras nombre, sabría así qué escribir al final de la nota de suicidio. Pero
no tienes nombre ni cara y eso te da ventaja, porque siempre ganas. A veces te
escribo en papeles y los quemo. Que le jodan al ritualismo, simplemente es
basura. Y rayaría mil veces con las llaves el capó de tu cuerpo, escribiría mi
nombre con tijeras en tu pupitre. Y le haría una equis al tuyo. Y estudiaría
geometría en tu espalda. Y astronomía en las pecas de tu nuca. Pero quiero ser
analfabeto para no leer más de nadie. Quiero olvidar a Panero, a Lorca, a
Bukowski y a Delibes. Quiero dejar de querer ser Chinaski. Quiero dejar de
llorar con la muerte de Milana. Quiero dejar de admirar a mi padre. Quiero
volver al vientre de mi madre. Quiero cerveza. Quiero dejar de querer cerveza.
Quiero querer. Quiero dejar de querer. Le engaño y le digo que la quiero y ella
sabe que le engaño pero quiere no saberlo, y le quiere a él. Pero quiere que la
cuide y yo quiero cuidar de alguien. Y quiero dormir en su culo y despertarme
arrepentido y romper el espejo y quedarme mirando la sangre mezclarse con el agua
en el lavabo. Quiero darme cuenta de que no estoy arrepentido. Quiero sentirme
un monstruo. Lo quiero todo y lo quiero ahora pero lo quiero tan poco que estoy
escribiendo esto a nadie, esperando que sea a alguien. Quiero ser Mark Renton.
Quiero conformarme. Dicen que un día de ausencia dura tres otoños, pero mataría por acabar con este verano.
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