La vida se me viene encima
Como encima mía vi la vida
Tú, vida
mía.
Desperdicio el placer
en favor del saber
ingrato.
Solo, como se siente el hombre.
Porque la voluntad de
Dios
es amar al
hombre
y por eso el
hombre
creó a
Dios.
Vivo y muero en la ciudad de
un millón de cadáveres.
Uno más o uno menos,
si nazco de ti o mueres de mí.
Mi mano, el escozor de la herida.
Tú, la costra que todo lo cubre
(y que un día fue
Sangre)
Hoy no apuñalo el cuaderno, Carmesí.
[No digo adiós, porque nunca estuve.
No doy los buenos días, porque no los tuve.]