lunes, 20 de octubre de 2014

Dámaso en llamas.

La vida se me viene encima
Como encima mía vi la vida
Tú, vida
 mía.

Desperdicio el placer 
en favor del saber 
 ingrato. 

Solo, como se siente el hombre.
Porque la voluntad de 
  Dios
es amar al 
  hombre
y por eso el 
  hombre
creó a 
  Dios.

Vivo y muero en la ciudad de 
un millón de cadáveres.
Uno más o uno menos,
si nazco de ti o mueres de mí.

Mi mano, el escozor de la herida. 
Tú, la costra que todo lo cubre
  (y que un día fue 
                       Sangre)

Hoy no apuñalo el cuaderno, Carmesí.


[No digo adiós, porque nunca estuve.
No doy los buenos días, porque no los tuve.]