jueves, 27 de agosto de 2015

Llámalo X.

Creo que alguien me está hablando. Suena disperso, lejano. Creo distinguir en sus voces cierto tono de preocupación. Debería sentirme reconfortado, pero la certeza de que no lo siento no hace sino alejarme más de ello. El mundo está en mute y la única persona con voz es la única que pagaría por no escuchar: Yo. Ahora recuerdo a todas las que me dijeron que era imposible discutir conmigo. “Mierda, soy el mejor en esto”, pienso. Entiendo que no hay manera de ganar una batalla contra uno mismo sin hendir la hoja en tu propia carne. Abro otra lata. Miro a través del agujero, intentando determinar donde termina, divisar en el fondo una solución o al menos un por qué. Justo lo que buscaba: Nada. Esa oscuridad me recuerda a un desagüe e, inconscientemente, la imagen de la bañera viene a mi mente. Sería rápido, tranquilo, como en Redrum. Pero la sola imagen de mí mismo allí frío justo después y mi madre aporreando la muerta me produce nauseas (o quizás sea la última lata). Además, sería demasiado fácil para alguien tan difícil como yo. Ese cliché está demasiado usado. Acaba la canción del Cheb y comienza una de Cash. Hace mucho que no escribo, me digo a mí mismo, como alentándome. Caigo en los tantos que querrían tener lo que tengo. Podría ser un genio, pero prefiero vivir al día. Eso me hace sentir jodidamente bien. Nada sabe mejor que el talento desperdiciado en un hombre (si se me da el derecho de calificarme así) apático. Joder, hasta me ha arrancado una sonrisa. He de aprovecharlo, he de buscar el tesoro en mi basura. Pienso en ella. No en ella, en Ella. Podría serlo, de verdad que podría serlo. O quizás solo sea su culo. “No, tiene algo, me digo”. Dice que soy un Pollock. No me ha hecho olvidar una mierda de las otras, ni de los otros, ni de mi puta vida de mierda insípida. Al revés, me hace mantener el contacto con ella. Intensifica las cosas. Hace que lo bueno sea muy bueno y lo malo sea aún más malo, pero tampoco quiero otra cosa. Lo último que quiere una persona observadora es perder el contacto con los detalles. Quiero sentir. En cierto modo, me recuerda a lo que significa el caballo para Rent Boy en Trainspotting. Eso me hace sentir un yonki y me recuerda mi insalubre facilidad para el vicio, para la obsesión. Malditas mujeres, tienen el mundo en sus manos y lo agitan como una bola de nieve en manos de un niño hasta hacerlo trizas. Porque pueden. Cómo me gustan. Al menos la bebida no huye cuando le consta que bebo de ella. Cómo me gusta. Al menos los libros me devuelven gran parte del esfuerzo que invierto en ellos. Cómo me gustan. Otra vez las náuseas. Corro al baño y nada (estaré enfermo). Al volver, me fijo en el espejo, algo más sucio que de costumbre. Me congratula caer en que en cierto modo distorsiona mi rostro (más). Me quedó haciendo muecas frente a él, mirándome desde un gran número de ángulos. “No hay nada que hacer, en esto has perdido” pienso. Al principio me deprime, pero luego viene la rabia. Ese hijo de puta de ahí arriba se aburría tanto con su estúpido rebaño de ovejas similares unas a otras que jugó conmigo. Me lo está poniendo difícil el cabrón. Seguro que verme así le divierte. “¿Sabes qué? Voy a darle juego a ese cabrón. Ni tulléndome como lo ha hecho me aplastará. Me pegará una paliza pero pienso encajarle dos o tres puñetazos a ese mierdas.”, me digo. Abro el grifo. Vuelvo a la realidad. Ojalá Él existiera, así podría culparle de todo. El mero hecho de que sea todo puro azar me desencaja la mandíbula. Vuelvo a pensar en ellas, en todas ellas. Me pregunto qué será lo que les mueve a acercarse a mí. Tras mucho debatir, me quedo con tres opciones: Lástima, miedo, o una vida tan marcada por los complejos y el vacío que les lleve a buscar alguien que esté más jodido que ellas y dispuesto a arreglarles la vida. No sabría decidir. Me quedo con las tres. Me las llevo puestas. Malditas mujeres, ahora entiendo por qué se le llama heroína. Pero juró por el mierda de ahí arriba que me arrancó la vida de las manos antes de poder siquiera usarla, que volvería a elegirlas a todas una y mil veces. Volvería a cometer todos los errores que he cometido para llegar a este punto. De hecho, joder, no cambiaría mi vida por ninguna otra del mundo. Soy un mierda egocéntrico de cojones, nadie vale lo suficiente como para joderse como yo lo hago. Se me escapa otra sonrisa. Abro otra lata y pulso el play.
“Sobrevalorao' por loco,
Tengo un coco que flipas, pero no lo aplico.
Una vida de mierda pero no la arreglo,
Dices entonces que de qué me quejo.
Sería más sencillo que me dieras lo que necesito,
En cualquier caso, mejor si cierras el pico…

…Poco a poco pero sin descanso. Te rozo pero no te alcanzo,
Contándole a la gente el cuento
De que tengo el corazón inmenso, así es como avanzo.
Me quiero lejos de mí mismo.
Estoy haciéndome daño, soy el rey del cinismo,
Estoy subiendo peldaños.”