A la gangrena de mi pierna:
Cómeme por dentro, hija mía. Eres carne de mi carne, y yo también paso hambre. Cómeme por dentro, llévate mi andar. No lo necesito. Estoy cómodo aquí, no voy a ir a ningún sitio.
Y tú, salud, huye y no vuelvas, pues no me has hecho más que mucho daño y poca compañía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario